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El movimiento estudiantil de 1968, VIII: 2 de octubre:

Redactado por Gerardo Alarcón Campos. 

¿Cuándo comenzó a planearse la estrategia represiva que culminaría con los acontecimientos del 2 de octubre en Tlatelolco? Es difícil saberlo con exactitud, más cuando sus principales organizadores siempre vivieron guardando el secreto de Estado, y las pocas respuestas que ofrecieron siempre fueron bastante ambiguas.

Pero a lo largo del movimiento estudiantil se presentaron diferentes episodios que finalmente se conjuntarían el 2 de octubre: 

1) El 26 de julio, grupos de choque actuaron de manera estratégica para generar provocaciones que desataron la represión en contra de los estudiantes. 

2) El 30 de Julio el ejército interviene haciendo uso de armamento de guerra como si fuese a combatir a un enemigo en igualdad de condiciones. 

3) El 27 de agosto, haciendo uso de provocadores e infiltrados realizan acciones que justifican la intervención militar. 

4) El 28 de agosto aparecen los francotiradores haciendo blanco tanto en civiles como soldados para provocar un tiroteo masivo.

5) Agentes paramilitares protegidos por soldados y policías abren fuego contra los estudiantes

6) El Batallón Olimpia entra en acción para capturar objetivos estratégicos en CU y las instalaciones del IPN.

7) El 21 de septiembre las fuerzas de seguridad identifican que en Tlatelolco los estudiantes tienen apoyo por parte de los vecinos, por lo que dicha zona se convierte en un objetivo estratégico para cortar todo apoyo a los estudiantes

Y Tlatelolco, esa zona habitacional cuyos habitantes prestaron sus domicilios para proteger a los estudiantes y que combatirían junto con ellos para repeler a los granaderos, sería el escenario final donde todos estos experimentos represivos se pondrían en marcha de manera coordinada. Pese a que el Estado mexicano con los años se ha defendido argumentando que ese día reinó la confusión, lo cierto es que tal parece que todos los movimientos estuvieron calculados a detalle.

A primera hora, Gustavo Díaz Ordaz abandona la residencia oficial de Los Pinos y se traslada a Guadalajara a descansar, algo inusual teniendo en cuenta que ese día fue un miércoles. Esa mañana, como constan las fichas de gobernación, habría ocurrido un encuentro en casa del rector Barros Sierra con miembros del CNH y representantes de la presidencia de la república. 

Si bien las negociaciones no fueron exitosas en cuanto a la concreción del diálogo, se logró entre ambas partes un acuerdo: el CNH cancelaría la marcha hacia el Casco de Santo Tomás para evitar nuevas confrontaciones con el ejército. Además, se propondría una tregua para que los Juegos Olímpicos pudieran desarrollarse con total tranquilidad y una vez concluidos, se retomarían las pláticas para la realización del diálogo. El CNH manifiesta a los ahí presentes que comunicaría esa tarde en el mitin en Tlatelolco su decisión. Así quedó registro.

Esa misma mañana, desde el Campo militar No.1 el general Marcelino García Barragán junto con miembros del alto mando de las fuerzas de seguridad del Estado mexicano, de entre los cuales destacan el general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial, Mario Ballesteros Prieto, jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, el Capitán Fernando Gutiérrez Barrios, jefe de la Dirección Federal de Seguridad, y el coronel de infantería Ernesto Gutiérrez Gómez Tagle, encargado del Batallón Olimpia. Afinan detalles de la operación que se realizaría aquel día: La Operación Galeana.

En la teoría, dicha operación tenía como objetivo la captura de la dirigencia del CNH y el desalojo de los manifestantes de la Plaza de las Tres Culturas para impedir que estos se dirigieran hacia el Casco de Santo Tomás y así evitar más muertes estudiantiles.

En la práctica, la operación tuvo de principio a fin el objetivo de aniquilar a los manifestantes. Pese a que la primera versión oficial de la matanza primero adjudicó la responsabilidad a estudiantes armados que atacaron a los soldados, la versión final de los acontecimientos ha querido apuntar hacia una trágica descoordinación entre destacamentos militares e incluso a traiciones dentro del ejército con fines políticos.

La Operación Galeana se coordinó de la siguiente manera: 

El Batallón Olimpia tendría un papel fundamental. Se le asigna la tarea de capturar con vida a los miembros del CNH. Para ello, los elementos irían vestidos de civil con un guante o pañuelo blanco en la mano derecha para que el personal militar pudiera identificarlos. Para lograr la captura, el ejército conseguiría las llaves de algunos departamentos deshabitados del edificio Chihuahua para que en su interior los militares pudieran ocultarse y entrar en acción cuando se diera la señal. El Batallón Olimpia tenía tres objetivos clave a cumplir en su misión: capturar a los integrantes del CNH vivos, proteger a Sócrates Amado Campos Lemus e incorporarse a lo que Gómez Tagle denominó como una “demostración de fuerza” algo que en el argot militar significa demostrar ante el enemigo las capacidades de combate de un ejército.

Luis Gutiérrez Oropeza también dispondría de algunos departamentos y solicitaría acceso a las azoteas aledañas a la plaza con el fin de apostar francotiradores en la zona. Estos francotiradores abririan fuego contra los manifestantes y el personal militar con el fin de que estos tuvieran un motivo para justificar la agresión. En años posteriores García Barragán en sus memorias personales afirmaría que desconocía los planes de Gutiérrez Oropeza, pero el testimonio de Gómez Tagle afirmaría que ambos estaban en la misma reunión cuando se acordó dicho plan.

Por su parte, las tropas en tierra comandadas por Crisóforo Masón Pineda y José Hernández Toledo movilizarían a tres contingentes del ejército que establecerían un cerco alrededor de la Plaza de las Tres Culturas, forzando que los estudiantes salieran de la plaza por la zona norte, la cual es estrecha. Dicha operación estaba muy lejos de ser un operativo de desalojo, más bien de acorralamiento. Aunado a ello, en la orden de operaciones se indica que las tropas no abran fuego hasta no tener 5 bajas en sus filas, es decir, las tropas sabían que abría un tiroteo y estaban dispuestas a sacrificar a sus peones por aniquilar al movimiento.

Todos los elementos desplegados en la Plaza de las Tres Culturas tenían la orden de entrar en acción en el momento en el que aparecieran unas luces de bengala que Ernesto Gómez Tagle dispararía desde el último piso del edifico de Relaciones Exteriores.

Desde la noche anterior comenzaron a ocuparse los departamentos del edificio Chihuahua. Los vecinos reportarían que esa misma noche las líneas telefónicas de la unidad Nonoalco-Tlatelolco fueron cortadas. Desde las 2 de la tarde del 2 de octubre comienzan a llegar los elementos del Batallón Olimpia y los francotiradores del Estado mayor presidencial tomarían posiciones en las azoteas y departamentos de los edificios Chihuahua, Nuevo León, ISSSTE y en la iglesia de Santiago Tlatelolco

Otros francotiradores habían tomado posiciones desde el edificio de Relaciones Exteriores, pero estos en lugar de fusiles traerían cámaras de cine. Desde muy temprano, Luis Echeverría habría citado al cineasta Servando Gómez con el objetivo de filmar de principio a fin la operación; a las 9:00 de la mañana habrían llegado a Tlatelolco y poco antes de las 11:00 del día ya tendrían el equipo fílmico listo. El equipo de Servando desplegó a 6 camarógrafos en distintos puntos de Tlatelolco con el objetivo de grabar la operación de principio a fin; los equipos de grabación estaban fuertemente custodiados por agentes de la DFS. Durante la instalación, el equipo de Servando divisa a los francotiradores, pero al dar aviso a los superiores, estos aparentemente, no hacen caso del reporte. En total, se estima que esa tarde se grabaron 120 mil pies de cinta, lo que equivaldría en total a 22 horas de grabación, de los cuales solo se conocen 8 minutos.

En los hospitales de la ciudad de México se da una alarma para que estén preparados para recibir heridos. Lo mismo en las cárceles, haciendo que se disponga de personal para recibir detenidos en las próximas horas.

El momento llega. Desde las dos de la tarde comienza a llegar gente a la Plaza de las Tres Culturas. La presencia militar es preocupante, pero ya se ha vuelto rutinaria. A las 5:00 de la tarde daría inicio el mitin. Todo transcurría con tranquilidad, teniéndose una asistencia de un aproximado de 15 mil espectadores entre los cuales había estudiantes, trabajadores, vendedores ambulantes, simpatizantes de la sociedad civil y vecinos de la unidad. 

Los tres contingentes del ejército, fuertemente armados, y apoyados por 300 vehículos entre tanquetas, jeeps y camiones rodearían la plaza para evitar que cualquiera entrara o saliera. Los asistentes al mitin se inquietan, por lo que el orador llama a guardar la calma. Ante los efectivos militares, el orador del CNH anuncia que la marcha hacia el Casco de Santo Tomás se cancelaba y que una vez concluido el mitin retornaran a sus casas sin caer en provocaciones.

A las 18:15, un helicóptero comienza a sobrevolar la plaza. Por años se le responsabilizó de haber arrojado las luces de bengala, pero su paso solo fue una coincidencia. Ernesto Gómez Tagle dispara la luz de bengala desde el edificio de Relaciones Exteriores. Súbitamente, el cielo se iluminó con el fulgor verde y rojizo. El terror se desata, detonaciones de arma de fuego se ciernen sobre los manifestantes desde todas direcciones. El CNH llama a la calma, pero es inútil y el pánico se generaliza. 

El Batallón Olimpia avanza sobre el tercer balcón del Edificio Chihuahua y somete a los periodistas e integrantes del CNH. Con pistola en mano los obliga a tirarse al piso. Dos agentes someten a Sócrates Campos Lemus y lo arrastran hacia uno de los departamentos desocupados. Testimonios y las grabaciones de Servando demuestran que uno de los integrantes del Batallón apuntaría su pistola fuera del balcón y empezaría a disparar contra la multitud.

Los francotiradores del EMP abrirían fuego contra los manifestantes y algunos miembros de la tropa para justificar el tiroteo de los militares contra los congregados en la plaza. Uno de los primeros heridos es José Hernández Toledo, quien cae herido por un disparo en la espalda. 

En un primer momento, los soldados tratan de identificar el origen de los disparos y algunos incluso auxilian a los manifestantes y tratan de ponerlos a salvo. Tirados pecho tierra, comienzan a disparar hacia los tejados y ventanas del edificio Chihuahua. Pero al recrudecerse el tiroteo comienzan a disparar indiscriminadamente contra todo lo que se mueve. Las tanquetas ametrallan a la multitud que huye de la plaza.

El tiroteo no se limita a la Plaza de las Tres Culturas: hay disparos en los edificios Molino del Rey, Revolución de 1910, Atizapán, ISSSTE 11, 5 de Febrero, Aguascalientes, San Luis Potosí, Tamaulipas, en la Secretaría de Relaciones Exteriores y principalmente en el edificio Chihuahua.

Cientos tratan de escapar de la plaza. Muchos caerían muertos en el lugar, otros, en sus calles aledañas, en los pasillos y departamentos de los edificios vecinos. Después de una hora, cesan los disparos. Miembros del Batallón Olimpia muestran su insignia para identificarse entre la tropa. Los mismo los francotiradores del EMP que habían sido cercados por algunos soldados y que después de un breve intercambio de comunicaciones con sus superiores, quedaron en libertad y se incorporarían a las acciones represivas de la noche.

Una cacería humana se desarrolla en toda la unidad de Tlatelolco. Quizás en venganza por la humillación vivida el 21 de septiembre, el ejército y el Batallón Olimpia irrumpen en los departamentos buscando estudiantes. Golpean, destrozan todo y matan vecinos dentro de sus propias casas.

En total coordinación, el Batallón Olimpia traslada a los detenidos, los cuales son desnudados y golpeados en la planta baja del edificio Chihuahua. Sólo uno, Sócrates Campos Lemus, es llevado bajo una estricta custodia militar, vestido y subido a una patrulla. La razón: sería un agente al servicio de Gobernación que en los días posteriores sería utilizado para darle vida a la teoría de la conjura comunista y comenzar una persecución en contra de los principales opositores políticos de Gustavo Díaz Ordaz.

La cantidad de muertos es uno de los más grandes misterios de la historia de México. Mientras las cifras oficiales no rebasaban los 30 mientras que algunos medios se atrevieron a decir que eran más de 50, en un cable de la embajada de los Estados Unidos al director de la CIA se menciona que, en base a cálculos propios e información de agentes mexicanos, la cifra de muertos es de más de 300.


Su destino es otra gran incógnita. Testimonios de sobrevivientes mencionan haber visto como los cadáveres eran recogidos en camiones del ejército. El periodista Horacio Espinoza Altamirano, detenido ese día, escuchó de los propios militares que algunos de esos cuerpos iban a ser cremados o arrojados al Golfo de México desde aviones. Otros piensan que los cuerpos fueron sepultados en los límites de la ciudad de México o en fosas comunes en el panteón jardín. Nunca se sabrá.



La noche de Tlatelolco fue lluviosa. Pese a ello, el Departamento de Limpieza del Distrito Federal apoyados por el cuerpo de bomberos limpia la plaza repleta de zapatos, papeles y sangre.

El rojo amanecer revelaría un escenario de muros balaceados, vidrios rotos y manchas de sangre. Rastros no de una batalla, sino de una masacre que pudo haberse evitado si el Estado mexicano hubiese elegido el camino del diálogo.

El miedo y el terror eran palpables en el aire como el olor de la sangre. Pero la pesadilla estaba lejos de terminar. El 2 de octubre fue para los habitantes de Tlatelolco el inicio de una pesadilla de 10 días donde vivieron bajo ocupación militar. Acosados y hostigados por cateos, detenciones ilegales y francotiradores que aún rondaban por los tejados como castigo por haber prestado ayuda a los estudiantes.

Se ha dicho que al día siguiente reinó el silencio. No es del todo cierto. No hubo silencio, pero tampoco hubo verdad.

* Fuentes de Referencia:

- 1968: Todos los Culpables. Jacinto Rodríguez Munguía

- La Conspiración del 68. Los Intelectuales y el Poder: Así se fraguo la matanza. Jacinto Rodríguez Munguía.

- La Violencia de Estado en México: Carlos Montemayor.

- Rehacer la Historia: Carlos Montemayor.

- Tres Culturas en Agonía. Jorge Carrión, Sol Arguedas y Fernando Carmona.

- La Noche de Tlatelolco: Elena Poniatowska

- Los Días y los Años: Luis González de Alba.

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